EL MENAJE DEL VINO I

SACACORCHOS:

El sacacorchos es por así decirlo, la llave del tesoro, por lo que se ha de escoger con cuidado entre muchos de los modelos del mercado, no todos adecuados para el objetivo buscado. El sacacorchos profesional, de palanca o de leva, está codificado por AFNOR.  Se compone de una espiral metálica en tornillo sin funda unida a un mango, que incluye una pequeña hoja de navaja para cortar la cápsula que rodea el cuello de la botella

TERMÓMETRO:

El termómetro de lectura rápida, se trata de un instrumento que puede servir para controlar la temperatura del vino inmediatamente antes de escanciarlo, aunque en la actualidad se usa raras veces.

Además del termómetro existen otros utensilios diversos para medir la temperatura del vino, como brazalete que se aplica en torno a la botella o las etiquetas de cristal líquido


 

DECANTADOR:

En el caso de los vinos especialmente envejecidos, puede resultar indispensable proceder a la decantación con el fin de exaltar los aromas mediante la oxigenación del vino y garantizar un mayor equilibrio gusto-olfativo, lo más recomendable  es abrir la botella para atemperarla, al menos un par de horas antes de servirla  y no trasvasarla.

OXIGENACIÓN:

Operación que permita la desaparición de algún olor imperfecto permitiendo así su presentación ante el más exigente de los paladares. Esta operación asegura una reducción de la sensación astringente y de la percepción de los taninos jóvenes, que a menudo resulta aún demasiada  dura.

En ambos casos en necesarios trasvasar el vino con delicadeza a una garrafa o decantador de cristal, no de vidrio, de distinta forma según el vino que haya de contener (Oporto, madeira, burdeos, etc.) Un contenedor que no sea indicado puede alterar la percepción de las características gusto – olfativas de un determinado vino.

 

CATAVINOS:

Se puede decir que el catavinos tiene un origen antiquísimo: Ya en la Biblia cuando Noé, se embriagó bebiendo vino de una copa se encuentran referencias a un instrumento análogo.

El Siglo XVII fue el siglo de oro del catavinos, que era utilizado en las familias nobles como equipamiento de la bodega y como objetivo decorativo en los comedores.

Hoy el catavinos puede llevarse colgado del cuello mediante una cadena, de la que se puede soltar, cuando se necesita usarlo. Se trata de un instrumento con indudables aplicaciones prácticas, sólido y apenas molesto, pero presenta un inconveniente: su amplia “boca” provoca una difusión rápida de los aromas del vino, en vez de la concentración aromática necesaria para llevar a cabo un análisis más detallado del producto. Este hecho limita su uso a un rápido examen organoléptico cuando es preciso verificar el estado del vino antes de servírselo al cliente.

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